Vincent Willem van Gogh nació en Groot-Zundert, Holanda, el 30 de marzo de 1853. Su padre fue un pastor protestante, Theodorus van Gogh, y su madre, Anne Cornelia, quienes tuvieros seis hijos, entre ellos Vincent.

Vincent Willem van Gogh realizó sus primeros estudios en su pueblo, y luego en el  internado privado en Zevenbergen en 1864 y más adelante en Tilburg de 1866 a 1868, en que regresa a su tierra natal.

En 1969 fue a La Haya a trabajar en una galería de arte, y continúa sus trabajos en Bruselas. Más adelante viaja a realizar labores en Londres, donde se enamora de Ursula Loyer, pero es rechazado y se sume en tristeza, se vuelca a la religión y descuida su trabajo.

Continúa trabajando en París, pero es despedido en 1876 por abandonar sus responsabilidades laborales.

Autorretrato con sombrero de fieltro. Óleo realizado en 1887-1888.
Vincent Willem van Gogh realizó varios autorretratos.

La Berceuse, retrato de Madamme Roulin
Óleo realizado en 1889
La silla de Van Gogh
Óleo realizado en 1889
Pintura metafórica sobre la soledad del autor.
Jarrón con flores
Óleo pintado en 1887, en París
Retrato del Dr. Gachet
Óleo realizado en junio de 1890
La Silla de Gauguín
Óleo pintado en 1888
Los Girasoles
1889

Van Gogh tuvo una personalidad bohemia, apasionado y de mal carácter, reconocido por él mismo en cartas familiares.

La pintura lo ayudó a sobrellevar su soledad, que lo atormenta durante su vida. Así buscó refugio en sus pinceles, el tabaco y el alcohol.

No logró formar una familia. Se supone que se relacionó con prostitutas de burdeles.

Fue internado por propio pedido, en el manicomio de Saint-Paúl-de-Mausole, después de haberse cortado la oreja izquierda. Sufría de epilepsia. Alrededor de 1885 comienza a manifestarse una psicosis, que va gradualmente en aumento.

Su vida es costeada por su hermano Théo, quien pagó sus deudas. El pintor, en vida no obtuvo dinero de sus obras, exceptuando 400 francos que se lograron con la venta de “La viña roja”.

Más adelante estuvo atendido por un médico de Auvers, a quien retrató “El doctor Paúl Gachet”, en 1890.

En ese mismo año, 1890, luego de terminar su obra “Cuervos sobre el trigal”, se disparó un tiro el 27 de julio de 1890 y falleció dos días más tarde.

Escribió más de 700 cartas a su hermano Théo, las que fueron publicadas en 1911, y completan su biografía y la nómina de su obra, cuantiosa, unos 750 cuadros y 1600 dibujos.

En 1973 se inauguró en Amsterdam el Museo Vincent Van Gogh, en donde se pueden observar alrededor de un millar de pinturas, dibujos y cartas del artista.

Escribe Norma Vanni:

VAN  GOGH: EL INFIERNO DE LA CREACIÓN

“¿ Qué es dibujar ? ¿cómo se llega ?. Es la acción de abrirse  paso a través de una pared de hierro invisible, que parece encontrarse entre lo que se siente y lo que se puede…” (carta 237 a su hermano Theo).

Toda la breve vida de Vincent Van Gogh fue una odisea interior , una de las grandes aventuras artísticas y humanas de los tiempos modernos. Su intenso amor por la humanidad, su lucha sin tregua contra la propia soledad y contra las desdichas del prójimo lo llevaron a intentar las más difíciles empresas. Pero para su desgracia en todas fracasó. No es  extraño, entonces, que un año antes que se quitara la vida, reflexionara que quizá había encontrado la pintura cuando “ya no tengo dientes ni aliento”. Y es que verdaderamente si algún pintor descubrió por su propia cuenta la pintura, ese fue Van Gogh. Porque si bien se sabe que a los nueve años empezó a dibujar, su vocación se hizo presente cuando ya tenía 27 años de edad y no se sentía atraído por el aprendizaje académico. Cierto es que se inscribió en escuelas de pintura y practicó formalmente, junto a los pintores, pero no llegó a familiarizarse con esas técnicas , prefiriendo seguir descubriendo por si mismo los secretos del arte.

En la correspondencia que le dirigía a su hermano Theo, hay múltiples testimonios de que le agradaba no haber aprendido a pintar, porque eso le concedía una libertad que de otra manera no habría tenido. Quizá debido a esta carencia de técnica, Van Gogh pudo desarrollar sus propias concepciones del arte.

La falta de las pequeñas victorias, hacen que Vincent  Van Gogh viva intensamente sus propios dramas  y los de la gente humilde que frecuenta. Rechazado por la sociedad burguesa a la que había pertenecido, se margina de ella y busca primero encontrar  refugio en el misticismo y en las actitudes mesiánicas; este contacto, le hacen redescubrir su vocación, la que jamás abandonará.

A través de las 668 cartas a su hermano Theo, se puede sentir con dramatismo creciente la angustia del artista que no encuentra la forma que dé sentido a la pasión que infunde a sus cuadros. Y se puede igualmente disfrutar con el pintor los placeres reservados al creador, cuando este logra con un golpe de luz, con una pincelada o con una teoría  sobre la composición resolver los pequeños y grandes problemas de llenar con arte el blanco lienzo que tiene  enfrente. Pero hay algo más en las Cartas a Theo que hace de esta obra una pieza de valor humano excepcional: subyacente, confundido con la pasión creadora, y hasta en cierta medida responsable de la misma , se halla el amor fraterno, la confianza en el destino de un hombre y el deseo de creer en algo tan vertical como la convicción de ser artista.

“..Puedo  ciertamente , en la vida  y en la pintura privarme de Dios, pero no puedo, en mi sufrimiento, privarme de algo más grande que yo y que es mi vida: la potencia de crear…”.  El intenso colorido, la brillante luminosidad, ya se han instalado plenamente en la obra de Van Gogh, cuando abandona Paris después de conocer  a la nueva corriente de los impresionistas, buscando  el sol , el encuentro consigo mismo,  la plena expresión de su arte, de su forma de vida y de su comprensión del universo; su obra se encamina directamente al expresionismo. Pero es allí  también donde se resiente su salud, donde todo hace crisis.; no exagera cuando dice “….eso no me ha costado a mi más que mi esqueleto bien arruinado, mi cerebro bien chiflado…”.

A partir de entonces se producirá el desquiciamiento total en la vida de Vincent van Gogh: pasará de un hospital a otro, de una crisis a otra, de la esquizofrenia a la demencia, del terror a la impotencia. Y sabrá asimismo del escarnio, la persecución y la condena , aprenderá a amar a los seres que como él, faltos de razón y expuestos al abandono dentro del manicomio, establecen fuertes lazos para contrarrestar su debilidad; aceptando con deslumbrante lucidez su nueva condición: “Pienso asumir sin rodeos mi oficio de loco”, con tal de continuar pintando como quiere.  Ya para entonces ha creado su propio mundo lleno de colores, de luces, de incendios, donde nadie que no sea artista puede penetrar porque en vista  de que el mundo tranquilo y formal en que debía desempeñarse lo marginó, hizo aparte el suyo, de dimensiones y profundidades distintas a las “normales”, donde todo es posible, incluso el suicidio.

 

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