Esa luz creadora, de por sí
venerable y venusta, es también el principio de cada veneración y venustidad.
Todo lo que afecta venerablemente a la vista, sólo puede hacerlo en virtud de
la luz que nos lo revela, cuya plenitud también simboliza el medio día.

 Cuando esa luz se haga en nuestra
inteligencia, estaremos capacitados para percibir y concebir lo hermoso, como
la propia luz de que se reviste y en que resplandece lo verdadero.

La apariencia engaña al ojo ,como los demás designios de la vida engañan al alma del más sabio…

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