GOLPE para Honduras, Centroamérica y la historia.

Un evento histórico, un retroceso a la institucionalidad democrática y las garantías republicanas de los pueblos, con el peso del dolor y el recuerdo de miles de vidas perdidas, ¡cosas a nunca olvidar! Un momento de acontecimientos donde se han vuelto a recomponer comportamientos tachables que fueron parte de los sistemas políticos más violentos de América Latina.

La fuerza del pasado se presenta nuevamente a través de un aparato militar, con autoridades políticas elitistas que hoy eligen por decreto ejecutivo a un nuevo presidente (Roberto Micheletti), endureciéndose así, un orden social mantenido por la fuerza, sin ánimos de arreglar otros problemas serios del país. Lo que se ha vivido hoy en Honduras, se hace, para pasar por encima de una débil institucionalidad que no pudo intermediar un proceso de elección democrática importantísima para un sistema político coherente, que solo se puede dar a través de mecanismos democráticos, como lo es la participación ciudadana.

En el estado de la cosas, el orden vigente de carácter constitucional se representa por la elección popular, una “figura” hoy destrozada. Un presidente: Manuel Zelaya, duramente enfrentado; un momento, uno de no olvidar y al que hay que movilizar voces y acciones resarcitorias

Sin duda, los disparos, los secuestros, las expulsiones forzosas jamás, serán signos democráticos de ejercicio legitimo del poder, es lamentable que elites oligopolicas, fuerzas militares, en fin, actores sociales y políticos se unan hoy en una especie de “circo” político que confabula contra el orden constitucional de Honduras. Un congreso legitimando los acontecimientos, haciendo un llamado a la calma, al respeto a la institucionalidad, leyendo una carta de renuncia presidencial, no hace más que mostrar una especie maquinaria político, económico y militar que se trata de fundar.

El impacto político, cultural, -mediático- que traerá a la región, es una vuelta a la época de oscurantismo Centroamérica de la segunda mitad del siglo XX, donde gobiernos ilegítimos e inconstitucionales se hacían del poder mediante maquinarias Político-electorales diversas, monopolizando, sin duda, las supuestas democracias representativas, a maniqueas formas de poder.

La comunidad internacional debe jugar un papel importante de pronunciamiento ante dichos acontecimientos, creemos en el principio de autodeterminación de los pueblos por vías legítimas y jurídicas, más repudiamos cualquier ejercicio del poder de forma violenta, restringiendo libertades republicanas: corte a la electricidad, comunicación e información, que delimiten las capacidades políticas y soberanas del libre albedrío de los pueblos.

Hoy 29 de junio del 2009, es una triste vuelta a un pasado, confuso lleno de dudas y escaso progreso político. En el plano de las emociones de ला persona, se siente como propia la injusticia infligida en otros contextos históricos y geográficos.

Repudiamos, el poder del Estado a través de un aparato autoritario y militar, que juega sobre la legalidad, y como hoy hemos evidenciado, roto la institucionalidad.

Randall Otárola Madrigal, estudiante de Sociología y Relaciones Internacionales, UNA.

Julio Solís Moreira, Sociólogo de la UNA

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